Todo el mundo es susceptible de quedar atrapado en ambiciones quiméricas que le aíslen de la realidad, normalmente persistirá en ellas haciendo oídos sordos a su familia, y en ocasiones llegando devorarla en el empeño. En el caso de la milicia, existe un efecto narcótico añadido que yo vengo a llamar el síndrome de Bastiani.
No me voy a poner a contar ahora el desventurado periplo militar del desdichado teniente Drogo; para eso está la magistral novela de Buzati, pero sí puedo aportar mi vivencia en situaciones similares.
Y es que el servicio en destacamentos aislados en zonas de operaciones, narcotizado por la suave rutina de un servicio escaso de eventos, los alegres ratos ociosos en compañía de los colegas, el distanciamiento de la familia tergiversado por un victimismo interesado y las experiencia de vivir unas circunstancias que nos son vedadas en la vida normal, generan un deseo de retornar y permanecer en esas circunstancias aislándose del banal mundo.
Es una vida estoica, sin apenas comodidades y con las mismas, repetidas y vanas alegrías, pero lejos del mundanal ruido y sus exigencias…atrás quedarán los problemas económicos, familiares, laborales…….todo por la misión, por la patria…..(¿)
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