Todas las muertes son tristes, pero algunas me producen una tristeza más desconsolada en el corazón. Anteayer falleció un soldado de España en Afganistán…hasta aquí no es que se trate de normalidad, si un albañil se cae del andamio pues efectivamente estaba trabajando, pero no deja de ser una desgracia como lo es en el caso de un militar. Lo triste viene en los matices, se trataba de un soldado de nacionalidad no española, pero que servía a los colores de nuestra bandera…….y rápidamente me viene a la mente una pintada que leí este mismo fin de semana en la pared de una instalación militar en las afueras de Jaca……”militares mercenarios”….
Cuanta gratuidad y maldad en la expresión, que fácil es mirar para otro lado y echar la culpa de todo a quien pasaba por allí. Desde luego nadie cruza los mares para alistarse en nuestros ejércitos por amor patrio, para ellos se trata de una opción profesional en la que son aceptados y cuando menos se comportan como estómagos agradecidos, sirviendo con lealtad a su nuevo patrón; algo que no puede darse por descontado de los naturales del país, quienes, en su mayoría, acuden a filas por los mismos motivos.
El problema radica en la indiferencia de la población del país que desplaza sus efectivos al extranjero con el objeto de promover la instauración de unos valores democráticos ¿Qué valores exportamos cuando no estamos dispuestos a asumir ningún sacrificio? Denigrar al que hace el trabajo que no estamos dispuestos a hacer nosotros mismos, no es el mejor ejemplo para que los ciudadanos de otros países acepten nuestro modelo de convivencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario